Hoy, en conmemoración de un año desde el fallecimiento de nuestro querido profesor, Leonardo Arriagada Peñaloza

Las tres décadas de un maestro

 

“¡Y, por fin, recuérdame, desde la palidez del lienzo de Velásquez, que enseñar y amar intensamente sobre la Tierra es llegar al último día con el lanzazo de Longinos de costado a costado!

                                                                                                       Gabriela Mistral

 

 Leonardo  Ives Arriagada Peñaloza constituye una figura importante en la historia del Colegio Rauquén por casi treinta años. Se puede definir al tío Leo, que así le conocieron tantas generaciones de estudiantes, como un verdadero artista en transición, es decir, un hombre que partiendo de elementos tradicionales o antiguos, llegó a engendrar una carrera profesional llena de éxitos, captando nuevas formas de crear y educar. 

 

Nació el 23 Octubre de 1961 y una vez que se tituló como Profesor de Estado en Educación Musical de la Universidad de Talca, fue adaptando su vida a la búsqueda de frutos más altos y realizaciones más definitivas. En ello, por ejemplo, tuvo el honor de formarse académicamente con la gran Margot Loyola. 

 

De espíritu modesto, limpio y transparente, el tío Leo fue un notable representante del arte escénico y vocal. Así, llegó a formar parte de varios conjuntos de proyección folclórica, lo que también se transparentó a nivel pedagógico, ya que sus alumnos formaron parte de secuenciales muestras de su indudable capacidad. En ello, logró captar la mejor esencia artística de jóvenes estudiantes del Colegio Rauquén a través de Talleres de Coro, Teatro, Expresión Corporal y naturalmente, sus clases, donde exteriorizó su gran pasión, la música. 

 

Como docente, tuvo la gran misión de ser Profesor Jefe de la Primera Generación de egresados de su amado Rauquén, allá por el año 1999. Tras casi tres décadas en las que llegó a ser Inspector, Jefe de UTP y Coordinador General, solía recordar la confianza y amistad que le unió a “Elena y Tito”, como solía decir, fundadores de la institución. 

 

Pero el tío Leo no solo era un profesional de excelencia. La zona del Maule, con sus ríos y paisajes cautivó la sensibilidad del artista. De ahí su profundo amor por los espacios familiares en su querido Tutuquén, su casa de amplios patios y senderos con aroma a hierba mate y cariño. Sin duda, este buen hombre a veces nostálgico y otras incomparablemente creativo y amigo fiel, fue viajando y recorriendo lugares y sueños tan rápido como pudo, como si la vida se le fuera de las manos, de aquellas que siempre estuvieron moviéndose con suma pasión, entre blancas, negras y corcheas, cada vez que ese coro magistral de un ciento de jóvenes rauqueninos, entonaba el Himno Nacional, para despedir a los que llegaban al final de su camino estudiantil. 

 

Así como una novela bien escrita, sucedió que el tiempo hizo sus propios cálculos y, viviendo la vida como una misión esplendorosa, el 28 de Marzo del 2020, el tío Leo decidió ir a recobrar su paraíso. Debió dormirse feliz, pensando en su restaurante favorito, en su copa de buen vino, aquella que conversaba con los amigos al calor del cariño. Con ellos disfrutó el presente, pasado y futuro de una vida llena de sueños, mientras regalaba consejos del buen vivir bajo la sombra de su noble sencillez. 

 

A este querido profesor y artista, al ser humano que había en el tío Leo, nadie le confiscó su alegría ni apagó sus fervores. Tampoco fue posible dejar de sentir sus ráfagas de genialidad escondidas en el canto, el teatro, la pintura, la danza, las letras y, por sobre todo, ese coraje tan suyo de mirar cómo transcurrían las noches, las estaciones y  los años, sin otra intención que seguir siendo un ave migratoria.  

 

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